lunes, 28 de diciembre de 2009

- Ira Sobrenatural -

De pronto pude ver cómo la ira se apoderaba de mi ser, hallanando así cada lugar, incluso los más recónditos de mi cuerpo. Su locura me estaba convirtiendo en aquellas personas irritables, a las que yo tanto detestaba. ¡¿Es que acaso no iba a poder controlar esta sensación?! Simplemente me resultaba imposible comprender sus actitudes insensatas. Las palabras salían de mí como balas de escopetas, sin punto de lógica ni razonamiento. La bronca repentina dominaba mis impulsos, convirtiéndome en una fiera, dejando atrás a la niña inocente.
Resultaba ser una persona irreconocible, alguien de otro mundo, si es que mi furia no hubiera traspasado ya fronteras, si es que aún podía seguir considerándome 'persona' luego de cada sentimiento inhumano que habitaba en mí.
A ella no le influía demasiado la saña de mis actos, o al menos eso me demostraba; en el fondo yo era consciente de que las heridas que le estaba provocando eran de lo más profundas a medida que mis insultos elevaban su poder, y no sólo eso, sino que disfrutaba el hecho de lograr meter el dedo en la llaga y expandir el dolor, ese dolor que ella generaba dentro mío, ya que obviamente, no era sólo enfado lo que yo sentía, lo mío era angustia. Angustia suprema de saber que a ella no le importaba en lo más mínimo encolerizarme de tal forma, y lo único que ansiaba, era que ese sentimiento fuese recíproco, para que pudiera ver lo mal que me estaba haciendo.
Ya para el final, mis insultos incrementaban su risa y sus ironías y yo comprendí que ya no lograría controlarme. No como esperaba. El odio que corría por mi sangre...su sangre, era insufrible, como ninguna otra cosa en el mundo. Apaciguarlo se convertía en mi meta más difícil y trabajosa. Aún continúa siéndolo, y tampoco estoy segura de querer apagar esta llama de resentimiento, aunque tengo la lucidez necesaria como para notar que es lo conveniente.
Sólo espero caer en la cuenta de esta realidad antes de que sea demasiado tarde.

MUIÑO, Carolina.

domingo, 27 de diciembre de 2009

- Dichos A La Deriva -

Dicen que lo más difícil de contar de una historia es el comienzo; dicen que luego las palabras fluyen como viento en medio de una sudestada; dicen también que las historias no deben ser olvidadas por más tristes y dolorosas que hayan sido en su momento, porque historia es sinónimo de pasado. Dicen que del pasado se aprende, de las experiencias y todavía más de los errores.
Mi vida todavía no está madura, y le queda mucho por transitar, aún así considero que cometí muchos errores, o al menos eso creí en su momento. Tal vez eso es signo y síntoma de que de a poco estoy empezando a entenderme, a darme cuenta de porqué tomé tales o cuáles decisiones.
Dicen que cuando uno acepta el destino que eligió, recién en ese momento logra hacer las paces con uno mismo. ¿Significa que ya es tiempo de hacer las paces con mi otro yo? ¿Acaso no es eso contradictorio? Si acepto mi camino, ¿por qué perdonarme por algo que ahora considero que, al fin y al cabo, fue lo mejor para mí?
Dicen. Simplemente eso. Porque del dicho al hecho, hay un largo trecho, y sin duda cada uno arma su trecho de acuerdo a su perspectiva.
Hoy entiendo muchas más cosas que hace unos meses atrás en los que creí que mi vida estaba perdida. Hoy me volví a hallar conmigo misma.
En este año de idas y vueltas gané y perdí mucho, pero en definitiva, eso me llevó a donde me encuentro ahora, un momento de paz y quietud de mi ser, un momento en el que me siento completa.
No hubiera podido sin la ayuda de mucha gente a mi alrededor, que apareció sólo por el hecho de haber perdido otros entornos con anterioridad. Hay ocasiones en las que creemos que todo está perdido, pero siempre hay alguien para rescatarnos, sólo hay que remar para que el barco no se hunda, al menos no con nosotros en él.
Hoy encontré a ese alguien, tal vez en una sola persona, tal vez en varias. Sólo sé que de de este lugar no me quiero mover, no al menos hasta que la marea me depare en una isla mejor.

MUIÑO, Carolina.

- El Fin -

Definitivamente pude ver como la imaginación brotaba de mi mente. Leer había agudizado todos mis sentidos. Me sentía plena. Me regocijaba de alegría.
Sorprendentemente, me dejó atónita ver cómo disfrutaba y me atraía cada vez con más intensidad el hecho de tener la capacidad de delirar sólo en mi imaginación, sin que nadie pudiera comprenderlo. Adrenalina, éxtasis. Sólo eso...
Una parte de mí se fue en el final.
Una parte de mí terminó por perderse, conservando destellos delirantes.
Me convertí en una total desquiciada desde la primera palabra, desde la primer imagen, o tal vez esa locura siempre había habitado en mí pero nunca había podido ser capaz de liberarla de tal forma.
Una parte de mí se hundió en el vacío, mientras que la otra se regocija en el asombro, en la euforia.
Una mezcla de emociones encontradas. Una complicidad que te lleva al más allá. Una conexión de mente y espíritu para vivir una historia jamás contada, única por su naturaleza propia.
Tanta gente que solía habitar mi mundo, de golpe debe desaparecer. ¿Realmente así tiene que ser?
¿Dónde queda todo eso, luego de su culminación? ¿Se puede seguir viviendo igual que antes? ¿Se puede llegar a ser la misma persona?
Cuando algo atrae tan fuertemente y tira de vos para perderte con ello, ¿puede uno llegar a rehusarse?
Mi cuerpo me pide a gritos que le devuelva su alma. ¿Cómo me niego a darle tal derecho, si éste, implica mi perdición?

MUIÑO, Carolina.