jueves, 11 de noviembre de 2010

- Onda De Expansión -

Por alguna razón creí que el día de hoy sería magnífico... Espléndido... Radiante.
Consiento las dos últimas calificaciones, y se dan gracias al sol, que embellece la tarde que asoma.
Pero el día de la fecha escasea en cuanto a su magnificencia, porque ese estado se inclina hacia lo perfecto...
Y entonces, yo me pregunto, ¿cómo se puede alcanzar la perfección cuando sentimos la ausencia de algo imprescindible?
Si yo quisiera mirar todo con otros ojos, podría... ¿O no?
¿Me estaría mintiendo? ¿Me estaría convenciendo? ¿O simplemente sería intentar vivir a pleno, evitando el hacerme mala sangre por todo lo habido y por haber?
¿Podrá ser que ante un mínimo disgusto, la salida más cercana y simple sea la insatisfacción? Aclaro que no necesariamente debe ser un disgusto propiamente dicho, sino que tan sólo puede ser el sentimiento de que algo no nos llena...
Y si hay algo que no nos llena, ¿da lo mismo con qué rellenarlo? Un poquito de cal, un poquito de arena...
¿Cómo denotar entre lo real y lo auto-impuesto? ¿Cómo saber cuándo se trata de una imposición y cuándo no?
Los seres humanos hacemos hasta lo imposible por creernos lo increíble. Es decir, tenemos la facilidad de creernos nuestras propias mentiras, para encerrarnos en una burbuja de colores y pretender que todo está bien.
Somos básicos. Buscamos la simplicidad en las cosas, evitando el afrontarlas; porque afrontar, significa reconocer, asumir; y bajo nuestra filosofía de vida, asumir debería ser el último recurso, siendo el primero reprimir... Reprimir aquello que nos hace mal, tapándonos los ojos y los oídos; reprimir aquello que nos hace bien, porque en el medio, alguien de afuera puede terminar sintiéndose defraudado y/o lastimado. Siempre reprimiendo...
Hoy salgo de la mentira. Hoy estallo, exploto. Hoy, elijo romper esta burbuja que me encierra; quizá la onda expansiva que genere el estallido, sea magnífica, encontrando así el complemento faltante de mi concepto de día perfecto; quizá también alguien se sienta herido por mis actos y actitudes, pero a partir de hoy, yo digo basta a tanta represión y le doy la bienvenida a mi próspera felicidad.

MUIÑO, Carolina.