martes, 21 de octubre de 2014

- Hoy Amanecer, Hoy Es Renacer -

Todo pasa en un instante. Todo pasa en un segundo. Todos con sus caras de colgados, diría el Rey.
Un caminante sin camino. Un amanecer no contemplado.
Un tic tac incesante. Bocinas resonantes.
Desesperación alarmante en esta ciudad de la furia.
Todos atareados. Todos agobiados. Un amanecer no deleitado.
Un momento retratado. Un instante congelado.
Silencio. Quietud. Paz. Vida. Un amanecer apreciado.


lunes, 17 de marzo de 2014

- Palabras Revolucionaras -

Escribir. Borrar. Reescribir. Ordenar. Reordenar.
¿Cómo hacés para exteriorizar  tantos pensamientos rondando en tu cabeza? ¿Cómo organizar tanta información cuando de tantas emociones las neuronas no hacen sinapsis?
Sigo buscando esas palabras que todavía no encuentro. Sigo intentando recordar cómo buscarlas, porque a veces siento que tan sólo lo olvidé. 
A veces simplemente temo que las palabras no fluyan; otras veces me asusta lo opuesto, que fluyan tanto que vuelen con la brisa.
Escuché una vez al pasar, que a las palabras se las lleva el viento…
La magia del lenguaje consiste básicamente en que una palabra, dependiendo de su connotación y la fuerza con la que se diga, pueda significar una cosa o sorprendentemente, lo opuesto. Las palabras juntas forman oraciones coherentes. La coherencia de las oraciones unidas forma una cohesión única. Un texto que forma un todo. Y allí está, todo dicho. Palabras que pueden cambiar acciones, un sentido. 
Palabras revolucionarias.
Sólo de una cosa estoy segura. Escribir. Borrar. Reescribir. Ordenar. Reordenar


Lo que se plasma en una hoja 
no tiene vuelta atrás, 
                               se vuelve irreversible.

MUIÑO, Carolina.

domingo, 16 de marzo de 2014

- Pepito: "Lluvia Hay En Tus Ojos" -

Hoy llueve… Llueve torrencialmente…
Desde que desperté supe cómo sería… Supe que algo iba a ir mal.
Siempre fue así, al menos en mi caso.
No es una simple y tonta superstición, aunque me encantaría que lo fuera, pero no puedo considerarlo como tal si mi experiencia en la vida siempre me demostró que los días de lluvia no son los míos.
De hecho, sin ir más lejos, mis peores recuerdos son de días grises y torrenciales e incluso hasta de chubascos insignificantes.
Mi primera imagen consciente tomando helado apareció a mis cuatro años… No sé si ya antes alguna vez había tomado alguno; sólo recuerdo la euforia por la nueva experiencia y cómo olvidar la lluvia que hizo estragos de mi helado y logró que terminara esparcido en mis manos, ensuciándome por completo.
Otro gran recuerdo invadido por la lluvia tiene que ver con mi primer día de clases. Me desesperaban las ganas de ir al baño, y escuchar el sonido de las gotas cayendo… Bueno, no fue muy alentador
Y así tengo varios momentos más para iluminarlos: mis papás se divorciaron un día de lluvia, yo me casé un día de lluvia y también me separé un día de lluvia. Todavía tengo miedo de cruzarme con ella si el pronóstico anuncia tormenta, así que por las dudas, siempre chequeo el servicio meteorológico nacional si me dice de vernos.
Si de supersticiones hablamos, no tiene lógica -se dice que caminar bajo la lluvia trae buena suerte– aunque lógica y superstición no son palabras que compatibilicen. El punto es que por más de que intente pensar en positivo, conmigo siempre falla y la lluvia no me beneficia.
La pregunta del millón es ¿por qué? Se dice que la lluvia favorece a la agricultura, a la disminución de contaminantes en el aire, a la recarga de cuerpos de agua… -Sí, Wikipedia- ¡Pero es que yo tengo la puta suerte de que a mí me sale todo mal!
A mí me llueve en casa -y sí que puedo dar fe de que mi casa es de esas en que el corazón es enorme y la casa es todo lo contrario- y las cacerolas se convierten en baldes invasores. Soy de los que salen a la calle y se mojan más por pisar baldosas flojas que por la lluvia; ni hablar de los paraguas que se me rompen, las zapatillas que son de lona, el auto cerrado con la ventanilla baja, el pucho que se me apaga con la gota violenta… ¡Sí! ¡Todo mal!
Igualmente sé que éstas son cosas mínimas, pero está claro que soy un tipo que a la primera de cambio, entre tantas malas, se frustra fácil.
Y la verdad es que envidio a esa clase de gente que ama la lluvia, su olor y la tierra mojada. Detesto que incluso logren relajarse. Simplemente no les creo. Porque donde ellos ven y perciben eso, yo sólo denoto humedad, frío, pegote, molestia, mal humor.
Algunos me dicen que veo la mitad del vaso medio vacío. Qué sé yo. Vaso medio lleno o vaso medio vacío, matemáticamente hablando, es una mitad al fin y no un entero. En fin, ya dije, no me llevo bien con el agua.
Pese a todo esto, los días de lluvia sí generan algo positivo en mí. Son días que me producen nostalgia. Son días que me remueven y entonces el clima me obliga a reflexionar… Pasado, presente y futuro…
Hoy el cielo derrama lágrimas de cocodrilo. Aquellas que yo no pude… Al fin y al cabo, siempre me dijeron que el tiempo todo lo cura. Quizá no estaban tan errados después de todo.


Saludos,
Pepito.

lunes, 3 de marzo de 2014

- Glosario: Felicidad -

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Dónde voy a ir? Al menos eso dice la canción...
Esas son las cosas que tiendo a preguntarme a diario, y más cuando después de brindarle mi perspectiva a la gente y abrirme en cuanto a opiniones extremadamente personales, sus conclusiones derivan directamente en que soy "el Grinch".
Sí, efectivamente, el Grinch, ese personaje verde con sonrisa maquiavélica que aborrece la Navidad, igual que yo... Es que simplemente no entiendo por qué festejo el nacimiento de un ser cualunque que la gente magnificó con el correr del tiempo, con la necesidad mediocre de aferrarse a una esperanza, y como si esto fuera poco, le permito a un anciano ajeno a mi casa, irrumpir durante la cena para tirarnos una bolsa con quién sabe qué cosa...
Volviendo a lo que nos compete, porque por lo general suelo irme por la tangente, ¿quiénes son ellos para cuestionar mi criterio? ¿Quién tiene la verdad de la milanesa
La realidad, es que la verdad es subjetiva, y esto es cierto 
                                        porque lo digo YO.

Hay muchas cosas que son subjetivas en esta vida. No sólo la verdad. El concepto de felicidad también carece de objetividad alguna; y cuando digo concepto no me refiero a la devolución que nos da la RAE cuando pedimos una definición. Eso es básico, porque la Real Academia Española nos devuelve tres definiciones posibles para la palabra "Felicidad":
1. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. Satisfacción, gusto, contento. Ej: "Las felicidades del mundo."
3. Suerte feliz. "Viajar con felicidad."

Pero caer en la vaga monotonía de intentar comprender el significado de algo, sin vivirlo, nos vuelve bastante hipócritas. Ahora bien, dado que "Dilema" es mi tercer nombre, ¿cómo saber si somos o no felices? ¿Cómo discernir entre felicidad, contento o conformismo
Pues yo no soy quién para determinar tus estados, pero sí alguien como para brindarte una perspectiva...

Partiendo de la base, es importante comprender que la felicidad es un estado. Puede que en un momento determinado te sientas feliz, pero de estar a ser feliz hay una brecha inexistente; y digo inexistente porque ser feliz implica eternidad. El ser te eterniza situaciones, y por muy idealista que seas, querido amigo, en esta vida nada es eterno.
Esa es básicamente la diferencia del ser y del estar; estoy feliz/soy feliz, estoy aburrida/soy aburrida.
Todos son estados, la amargura, la felicidad, la tristeza...
Yo no soy triste. A veces estoy triste... y a veces feliz.
La vida gratificante de un ser humano nunca se cubre con nada. Siempre hay un problema. Siempre. Y quizá, el problema que nos acontezca, tan sólo sea un pequeño mal momento, pero todos los problemas son problemas. Te invaden. Somos tan incrédulos que igual no nos permitimos ser completamente felices. Nos permitimos estar felices, simplemente un rato.
Por eso la felicidad son momentos efímeros de la vida, que te cubren de un sentimiento. Nada más... Ni nada menos.
Eso no me hace ser el Grinch. Me hace ser más realista...

Felicidad es una palabra que por como la empleamos, a todos nos queda grande. Si realmente la supiéramos emplear, veríamos la felicidad en un abrazo rutinario y no en una meta a futuro. Porque eso implica que buscamos alcanzar la felicidad (ser felices) y no vivir el sentimiento (estar felices).


MUIÑO, Carolina..