martes, 30 de agosto de 2016

- Antes y Después -

Dicen que en la vida de toda persona hay un antes y un después. Un momento, un suceso. Un punto de inflexión en el que todo se modifica con un propósito.

Este punto puede ser un qué, un cómo, un cuándo o un quién. En mi caso fue un "ella" inusitado. Y así comienza mi historia.
Antes de ella mi vida no estaba perdida, simplemente un tanto descarriada. Disfrutaba de elementos nocivos para la salud, era de buen beber y me gustaba fumar. ¡Dios! A veces al día de hoy extraño ese pucho mañanero, amigo y traicionero, aquel que me acompañaba a cada paso que daba, en las buenas y en las malas mucho más.
No todo era tan malo. Escuché por ahí que el desordenado dentro de su desorden se entiende. ¿El equilibrio entre tanta fiesta, música y rock & roll? ¡Marche un poco de bicicleta!
Cuando ella apareció, la vida decidió ponerme a prueba una y otra vez. Así tuve que aprender a soportar besos y cachetadas, abrazos y puñaladas. Asumir lo imposible, enfrentarme a todo y a todos, incluyéndome a mí misma. Eso es lo que pasa cuando la sociedad te condena y te enseña que,
si no te sumís a sus reglas
                                       te covertís en un paria
Costó. Mucho. Muchísimo.
El disfrute no fue constante, pero fue intenso. El drama igual. Aunque dicen que nada es eterno. Esto tampoco lo fue.
Así le di otro valor a la vida. Uno que no conocía, uno que recién comenzaba a degustar. Uno cuyo sabor me atrapaba más y más.
Con el tiempo me fui sumergiendo mar adentro en el descontrol de lo nuevo. Entendiendo poco a poco de qué se trata amar. Un mundo completamente desconocido, absorbente y estelar.
La fiesta se fue supliendo con algo distinto. Algo mejor. ¿La bicicleta? Habrá que preguntarles a los amigos de lo ajeno...
Aprendí todo lo que una persona puede aprender al lado de otra. Aprendí incluso a querer contra las reglas y en secreto, aunque un día dejé de necesitar jugar a las escondidas. Ahí fue cuando fui capaz de ventilar y de gritar a los cuatro vientos que me había enamorado de una mujer. Sí, una mujer, como yo.
Enfrenté a todos y a todas. Me aceptaron. Me acepté -ésta fue la parte más difícil. Y entonces disfruté. Un disfrute que resultó ser intenso pero fugaz, aunque esta estrella no me dio lugar a pedir un último deseo.
Un filósofo de la música dice que las despedidas son esos dolores dulces. Quizá en un tiempo logre verlo así. De momento mi paladar se ha tomado vacaciones sin goce de sueldo.
Ahora es cuando mi presente se convierte en el después. Ese después que uno nunca está listo para enfrentar. Ese después que te abofetea de un lado y te obliga a poner la otra mejilla para -claro- volver a abofetearte del otro. Ese después en el que tu agenda está cargada de actividades que para nada querías realizar; plagado de recuerdos que hieren un poco más.
La mochila es muy pesada, las dos cuadras se elevan a la enésima potencia y levantarte es una acción cuyo paso a paso analizás meticulosamente. «Un pie, el otro pie, y así sucesivamente»
Ya no hay fiesta. Ya no hay pucho. Ya no hay bicicleta. Ya no hay amor.
Habrá que tirar para adelante y simplemente esperar a que la vida sorprenda con otro punto de inflexión.

lunes, 29 de agosto de 2016

- Imprescindible -

Cuentan los rumores que del polvo venimos y al polvo vamos. Que llegamos a este mundo solos y nos vamos del mismo modo. Que todos somos autosuficientes. Que nadie es imprescindible en la vida de nadie.
Sin embargo, yo no soy muy amiga del parafraseo. Por el contrario, soy de las que prefieren llevarse sus chascos y descubrir en el camino su propia verdad.
Una verdad que casualmente les quiero compartir.
Hace algunos años, conocí a una persona única. Una persona que me acompañó en las buenas y en las malas. Una persona de la cual aprendí, aprendo y aprenderé los valores más lindos de la vida. Alguien que da sin esperar recibir nada a cambio. Una persona a la que en más de una oportunidad defraudé y siempre aceptó mis sinceras disculpas, porque su corazón es tan enorme que todos en comparación nos quedamos chiquititos.
Ella es Nerea, mi mejor amiga. La hermana que la vida me dio a elegir. El ser humano más leal que conozco. Quien deja de lado aquello que está haciendo para leerte, escucharte, aconsejarte -aunque si debe, retarte- o simplemente estar en silencio, pero estar.
No vino a este mundo con un manual debajo del brazo, simplemente lo lleva en su esencia, y lo que no, lo aprende bajo la marcha.
No es un ser sobrenatural. Si la lastiman, sangra. Es transparente. Es humana. Lo que significa que también se puede equivocar, como cualquiera -y de hecho lo hace-, pero lejos está de ser cualquiera, porque ella es mi persona imprescindible.
Muchos podrán discernir, pero aquí es donde está la cuestión: no es que no pueda vivir sin ella lo que la convierte en ese alguien tan especial, sino que sencillamente no quiero hacerlo.
No es cómo es lo importante, sino quién es para mí.
En lo que va del último mes entendí que no se puede escupir para arriba, que es importante ser constante, que las relaciones se cuidan, que la paciencia se trabaja, que al orgullo se renuncia, que ceder es un cincuenta-cincuenta y que si te toca perder es porque a fin de cuentas no tenía que ser.
Lo ves claro cuando tenés gente a tu alrededor que tira para el mismo lado.
Escuché por ahí que nuestros amigos se nos parecen. No sé si sea cierto o no, pero me gusta creer que sí. Me gusta pensar que algún día voy a poder ser al menos una cuarta parte de lo que ella es.
Espero que todos corran con mi misma suerte de tener una Nerea dando vueltas por ahí.

viernes, 26 de agosto de 2016

- Las diferencias de un te amo -

No es novedad para ustedes saber que en lo que va del último mes me volví monotemática por cuestiones lógicas y de índole sentimental. Paradójico teniendo en cuenta que los sentimientos carecen de razón.
Sin embargo, como dicen por ahí, el público se renueva así que simplificaré todo en dos simples palabras: fui dejada.
De ahí para abajo, se imaginarán cómo sigue el resto
de no ser así, están invitados a sumirse en las reflexiones más depresivas y nostálgicas de todos los tiempos desde que este blog ha visto la luz.
Entenderán cuando les digo que he descargado rabia y tristeza hasta con las plantas, y algunas de ellas me hicieron los comentarios más acertados, aunque otras me sorprendieron con su inoportunidad; aunque la opinión que más me llamó la atención sin duda todavía resuena en las profundidades de mis tímpanos.
"Quizá te ama de otra manera" 
¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¡¿Por qué?! ¡No, no, no, no y NO!
Entiendo que haya distintas clases de amores. Entiendo que no se ame igual a una pareja que a un padre, a un hermano, a un perro o a un gato. Pero me rehuso a secundar semejante necedad.
¿Cuál es esa otra manera de amar que desconozco? ¿Acaso yo di mucho y tenía que dar menos? ¿Acaso me tenía que conformar? No existe otra manera de amar. O se ama o no se ama, y cuando una de las partes deja de ir a la par, ya no da para más. «Y no dio para más» 

¿Cuáles son las diferencias de un te amo 
                 cuando no hay contra qué diferir?
Algunas cosas que paso en limpio y que el tiempo y la distancia me están haciendo entender...
  • La persona que te ama, no te deja. 
  • La persona que te ama, no te lastima. 
  • La persona que te quiere hablar, te habla. Y la persona que te ama, definitivamente te quiere hablar. 
  • Por último y no por esto menos importante, la persona que te extraña, no necesariamente te ama.
No importa lo mucho que le quieras o hayas querido creer. No importa lo muy negador que seas o enceguecido que estés. Hay una regla básica para el amor: se demuestra con hechos, y no con palabras. «Y cuando los hechos no alcanzan...»
Lo digo con conocimiento de causa. Lo digo porque ahora lo entiendo, y para entenderlo tuve que, inevitablemente, alguna vez dejar y alguna vez haber sido dejada.
Pasar por todas las instancias te hace ver las dos caras de la moneda. Te hace ver que lo que sufrís hoy, ayer alguien lo sufrió por vos.
Quizá ya no tenga que ver con el karma. Quizá ya no se trate de equiparar situaciones.
A esta altura del partido, quizá haya que cargarnos de paciencia, seguir tirando la moneda y dejarlo todo librado al azar.
Como dijo alguna vez un sabio y buen amigo mío: cara, sale bien.

lunes, 15 de agosto de 2016

- ROTO -

Estoy rota. Se encargó de romperme casi que sin proponérselo. Así y todo se sacó un muy bien diez felicitado. Quizá si se lo hubiese puesto como meta, no le hubiera salido así de bien.
                                Soy como un vaso partido en mil pedazos.
Me empecé a romper desde el momento en que todo se tornó turbio. Me rompí en cada oportunidad en que traté en vano. Pero, ¿qué más podía hacer?
Me rompí desde la vez en que me dijo que quería estar con otras personas… Viendo en retrospectiva, ¿cómo es que consideré que seguir podía llegar a ser la mejor opción? Sospecho que con el diario del lunes cualquiera es capaz de tomar una buena decisión.
Me volví a romper cuando me dijo que todo era muy monótono. ¿Acaso me tenía que disfrazar y salir a hacer de bufón pintando un mundo de colores?
Me rompí por tercera vez cuando marcó distancia porque necesitaba su propio espacio. Espacio que ciertamente yo no le invadía por motus propio, sino que por los ritmos que me marcaba. Ritmos que marcó desde que empezamos a salir. Ritmos que permití que me marcara.
Fui su marioneta y me moví a su antojo. Ver esto también me rompe. Ver que aporté en cada instancia para romperme y que contribuí con mi porcentaje de culpa, me rompe más y más. Supongo que así funcionan las relaciones. Los aciertos y desaciertos siempre son compartidos.
Pero lo bueno de ver las grietas es que inevitablemente no queda más alternativa que arremangarte y salir a pegar parte por parte, cristal por cristal.
Y a diario me pregunto,
                           ¿qué chances hay de reparar un vaso astillado y que no derrame su contenido 
                  a través de sus rajaduras?
Casi que ninguna. Aunque posiblemente ya no se trate de restaurar una pieza a cero, sino que de convivir con las marcas y finalmente asumir que las cicatrices son parte de aprender pero principalmente de vivir.

sábado, 13 de agosto de 2016

- Vos Podés -

Vos podés...
Podés rehusarte a leerme. 
Podés ignorarme. 
Podés hasta bloquearme
Podés enojarte porque todavía intento ayudarte.
Podés dejar de contactarme. 
Podés detestarme, porque es la salida más fácil.
Podés distraerte, e incluso aventurarte en los fallidos intentos de reemplazarme.
Podés disfrutar a corto plazo de las superficialidades que otras personas te brinden.
Podés hacer un sinfín de cosas para desprenderte de mí, pero nunca vas a poder olvidarme.

miércoles, 10 de agosto de 2016

- ¡A bailar! -

Hace poco más de dos años, mi vida era un laberinto sin salida. O al menos mi cabeza parecía tomárselo así.
En vez de apreciar lo que el destino me deparaba, decidí repreguntarme una y otra vez de manera incesante, si estaba caminando el camino correcto. Aunque eso implicara prejuzgarme.
Tan especiales somos, que en lugar de disfrutar y zambullirnos en la pileta de la felicidad sin dudar, nos cuestionamos hasta asegurarnos de estar tomando una buena decisión.
Como si la vida fuese estática. Como si todo se congelara en un determinado tiempo y espacio. Como si no evolucionáramos continuamente. Como si dos años más tarde no fuéramos a cambiar de parecer.
Hoy puedo ver que si en lugar de haberme cuestionado tanto, hubiera activado antes de tiempo, mi alegría hubiera tenido unos días más de changüí.
                              ¿De qué sirve lamentarse?
Tengo veinticinco años, dos tatuajes y unos cuántos más en mente. El primero me lo hice a mis veintiuno. El segundo a mis ventitrés. ¿Cómo saber si a mis ochenta me arrepentiré? 
Quizá me convierta en una persona amargada. Tal vez sea una vieja canchera con bastón, dibujos en la piel, y algún que otro problema de salud. Pero...
                                            ¿quién me quita lo bailado?
Eso es la vida. Un baile.
Hoy, dos años más tarde, puedo ver que quiero más días de changüí. Los que sea posible arrebatarle a ese laberinto bailantero.
Por lo visto, no me queda otra más que bailar y salir a dar mi mejor performance.