martes, 3 de enero de 2017

- Son.Risas -

Unos días antes de terminar de cerrar por completo la historia con mi ex -porque hay historias que, al igual que "El último exorcismo", tienen parte uno, dos y tres-, me encontraba sentada en la mesa charlando con su mamá. Es extraño cómo uno interpreta las señales de la vida a su antojo. Para mí ese era un claro indicio de que mi relación iba camino a salvarse -ese y otros tantos.
Mujer extraña la madre de mi ex. Nunca se lo transmití, pero en el fondo creo que tuvo cualidades que llegué a admirarle en silencio. "C" es de esa clase de personas determinantes que te hablan con contenido y siempre, indirectamente, te filtran algún dato informativo que, en algún momento, tarde o temprano, te va a ser de utilidad. Y ahí estás vos, incrédula, rememorándola de golpe, sorprendiéndote de su capacidad una vez más.
En esta última charla me dijo una frase que, desde el momento en que me terminé de separar definitivamente, aplico a diario al menos en algún momento del día en que siento que mi paciencia no da para más. "Dicen que, si sonreís, aunque no tengas ganas de hacerlo, el cerebro interpreta que estás contento y te empezás a sentir más alegre".
Al principio me pareció un planteo disparatado, pero con el correr de los días decidí otorgarle el beneficio de la duda y ponerme a investigar al respecto. Parece que este descubrimiento epifánico le corresponde al mismísimo Charles Darwin, quien comprobó que simular una emoción podía realmente generarla en nuestra mente.
De esta manera empecé a implementar este nuevo ejercicio con el fin de comprobar la teoría. Día tras día, minuto a minuto, sonriendo ante la adversidad, aunque tuviera que sacar la sonrisa de otra galaxia y generar un nuevo Big Bang. De a poco el malestar menguaba y traía aparejados unos segundos de paz.
El camino resulta más ameno cuando tenés un pretexto para llevar puesta una sonrisa. Pero no siempre se puede depender de un motivo. A veces hay que calzarse el disfraz y dejarse captar, para aprender a depositar la energía más en las ganas que en la razón.
Si alguien me hubiera dicho de antemano que uno de mis principales recursos de salvataje durante estos últimos meses iba a ser éste -un consejo de mi ex suegra-, no le hubiera creído jamás.
Lo cierto es que nunca sabés quién, cómo, cuándo y dónde va a estar ahí para tirarte algún tip para que tu vida sea un poquitito más llevadera. No te cierres. Tomalo. Escuchá. Prestá atención. Dejate ser. Dudá. Explorá. Averiguá. Experimentá. Y por sobre todas las cosas, sonreí. Nunca te olvides de sonreír. Después de todo, las sonrisas más valientes son aquellas que sanan los dolores más profundos del alma.

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