viernes, 17 de marzo de 2017

- Con M de mitad -

Conocer a alguien un 1 de Enero no es casual. No puede serlo. No debe serlo.
En medio de un mundo que se va al tacho segundo a segundo, en medio de las frivolidades de una comunicación instantánea que incomunica, en medio del caos de mi vida y de la suya, en medio de nuestros caminos, ahí la conocí.
En medio de medios de transporte discontinuados. En medio de un cuasi plantón, que por suerte no lo fue. En medio de una plaza que reflejaba la resaca de Año Nuevo.
En medio de sonrisas avergonzadas. En medio de mi patético canto desafinado. En medio de nervios. En medio de una búsqueda del tesoro desesperada por encontrar una mínima gota de alcohol para calmar las ansias que me agobiaban. En medio de su consecuente fracaso.
En medio de manos queriéndose encontrar por inercia, chocándose por error. En medio de mis ganas de acariciarla. En medio de mi cobardía.
En medio de siete horas de charla. En medio de la inventiva constante buscando un momento, un vago pretexto, una ínfima señal de humo que indicara reciprocidad.
En medio de aguas agitándose. En medio de ojos tapándose. En medio de cosquillas en la panza. En medio del medio minuto más mágico de cualquier 1 de Enero que mi mente pudiera recordar.
En medio de guiones, música, caricias, besos y abrazos. En medio del arte que alcanza la paz mundial.
En medio de idas y venidas. En medio de culpas -aunque culpa a la iglesia-. En medio de incertidumbres e inseguridades. En medio de la adrenalina más pura.
En medio del miedo que espanta y la euforia incesante es tiempo de poner en la balanza y hallar el equilibrio constante.