viernes, 28 de abril de 2017

- Vivas nos queremos -

Hoy me desperté apesadumbrada, con el cuerpo agotado, con el desgano a flor de piel.
Finalmente los medios consiguieron su noticia del día; esa que los lleva al amarillismo más extremo; esa con la que se consagran y ganan trofeos. Esa que se encontraba guardada en un cajón, encerrada bajo siete llaves, esperando a que la bomba estallara, a que el muerto se desenterrara —literal. Esa misma noticia que tenían olvidada y descuidada, tapada con discursos frívolos del impresentable que nos gobierna —el mismo que afirma que a todas las mujeres nos gusta que nos digan algún que otro piropo, así sea "qué lindo culo que tenés". 
Y yo ya no tengo energía. No tengo energía para seguir escuchando este tipo de noticias y el descaro con el que se encaran. No tengo energía para leer a los opinólogos de turno de cuanta red social banal se me pudiera ocurrir, que en vez de salir a apoyar a la víctima, justifican directa e indirectamente al victimario.
Esos mismos opinólogos que desde su sillón juzgan a los padres —quienes acaban de sufrir su mayor pérdida— por no ejercer suficiente control por sobre su hija —esa que acaba de ser brutalmente asesinada. Y cuando no es el control es la ropa, y cuando no es la ropa es la hora del día, y cuando no es la hora del día es el sexo. Y ahí están, intentando descifrar durante años por qué la chiva no quiere salir de ahí, como si todos esos falsos fundamentos tuvieran efectivamente algo que ver. 
Así que no. Realmente no doy más. Las lágrimas quieren salir, tiemblan las manos, arde el cuerpo, duelen hasta las huesos y noto cómo de a poco me voy dejando consumir por la impotencia.
Cansa que salir a la calle sea como jugar a la generala, sólo cuestión de suerte, porque en definitiva lo único que nos diferencia de Belén, Micaela, Ornella o Araceli, es el azar, y que nosotras seguimos vivas para seguir batallando ante el cansancio y la adversidad.

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